Congruencia y calidad en las relaciones interpersonales

Especialidad en Orientación y Desarrollo Humano

Congruencia y calidad en las relaciones interpersonales


¿Te ha pasado que tratas a una persona y no te inspira confianza aunque no haya ocurrido nada evidente que justifique esta actitud tuya?

¿Te ha pasado que conoces a alguien y “te da la impresión” de ser una persona a la que le puedes creer lo que dice aunque no lo conozcas a fondo?

En los encuentros interpersonales las personas captamos dos tipos de información: la relativa a lo que el otro nos expresa verbalmente y la que corresponde al “cómo me lo dice”. Desde hace varias décadas la investigación ha comprobado que el impacto de este tipo de información es mayor que el del mensaje verbal, conocimiento del que se han aprovechado los publicistas para convencernos de comprar productos a través de “buenos actores”.

Una parte de nuestro cerebro procesa el discurso verbal y la otra los movimientos, gestos, ademanes, ritmos y posturas. Este canal corresponde a lo que podríamos llamar decodificación de estados afectivos e intenciones, es decir, nos habla de qué siente la persona y qué pretende.

Cuando hay una discrepancia entre lo que nos dice nuestro interlocutor y su lenguaje corporal esto está siendo captado de manera “no consciente” y sólo aparece esa vaga sensación de “no puedo confiar”. Cuando no existe discrepancia entonces experimentamos el “si puedo confiar”.

La confianza es una disposición emocional que constituye la base sólida que nos permite profundizar en nuestras relaciones interpersonales. Está determinada en buena medida cuando lo que hacemos, decimos, pensamos y sentimos están alineados y a este estado se le llama congruencia.

La desconfianza, su opuesta, es el principal impedimento para seguir interactuando y que prospere la relación. Generalmente podemos volvernos corteses pero renuentes a contar cosas personales, o sea también nos volvemos incongruentes y el encuentro se vuelve una especie de simulacro de convivencia.

Nos volvemos incongruentes cuando lo que pensamos, decimos, sentimos y hacemos no encajan del todo, no corresponden unos con otros. Esto se debe a diversas razones: los modelos primarios (padres, maestros, compañeros de clase) así se comunicaban y nosotros copiamos lo que nos ofrecían y lo convertimos en hábito inconsciente.

También nos volvemos incongruentes por el temor a expresar libremente lo que nos pasa pues quizás en algún momento fuimos reprendidos por eso. Entonces la vergüenza se instaura como un agente perturbador de nuestra autenticidad.

En otras ocasiones, la incongruencia obedece a que, efectivamente, el contexto en el que nos encontramos es tan protocolario, rígido y excluyente que nos hace titubear respecto a si debemos decir o no lo que realmente necesitamos decir…y cuál es la manera correcta.

El problema es cuando la incongruencia se generaliza y se vuelve una costumbre de la que ya no nos percatamos y, entonces, nuestras relaciones se vuelven superficiales y convierten en una parodia que a la larga nos hace sentir solos…y vacíos.

Bibliografía sugerida:
Rogers, C., "El proceso de convertirse en persona", Ed. Paidós, México (2006)
Watzlawick, P., "Teoría de la comunicación humana", Ed. Herder, España (1992)

Arturo E. Etienne Garza

Por Arturo E. Etienne Garza
Publicado el: 24-11-2017 14:07